martes, 19 de enero de 2010

Hace frío (II)

Y ahora no sólo hace un frío del carajo, sino que hemos podido disfrutar de un espectáculo único: una tormenta de nieve de dos días y medio sin parar en una semana de Mistral (sí, sí, el vientecito ese tan agradable que sopla por estos lares a una media de 90 km / hora).

Durante casi una semana Avignon ha estado cubierta por casi medio metro de nieve cayendo violentamente sin parar y bloqueando la ciudad entera. Las carreteras cortadas cerraron todos los accesos durante los tres primeros días, y como resultado la mayoría de las tiendas, escuelas, oficinas y (oh, qué lástima, ejem, ejem) la universidad tuvieron que cerrar sus puertas. Los pocos supermercados que abrieron ofrecían un aspecto de catástrofe nuclear, pues obviamente los suministros no podían llegar a la ciudad. Tan espectacular ha sido que hasta salió en las noticias nacionales, pues este tipo de tormentas son extremadamente raras tan al sur.

Aún con estas, y como una no está acostumbrada a este tipo de espectáculos, me enfundé las botas y mi gorro de mucho frío y a la calle que me fui en plena tormenta, a ver la ciudad nevada y sacar fotitos, que cuelgo un poco más abajo.

Nota para un futuro: desconfía de los montoncitos de nieve, suelen esconder algo que te machacará las espinillas.

Nota II: para los curiosos, sólo me la pegué una vez; eso sí, me la di pero bien dada cayéndome de morros en la puerta de mi facultad (las cosas, o se hacen bien, o no se hacen).

Las vistas desde mi terraza (que son pocas porque nieva mucho)

La puerta de mi residencia. Sí, las marcas señalan la altura de la nieve. Pese a todo, salí a la calle, valiente que es una.
Arbolito de navidad muy propio en una de las plazas del centro.

El Palacio de los Papas y varios avignonenses emocionados jugando con la nieve.
La humilde autora cubierta de nieve pero feliz delante del Palacio de los Papas.
Uno de los laterales del Palacio de los Papas

Un amigo.

domingo, 10 de enero de 2010

Hace frío

En Avignon cuando hace frío, hace mucho, mucho frío.

Hace dos o tres semanas estaba yo en casa tan tranquila cuando de pronto escuché un "ponk" proveniente de la terraza. Salí a mirar y cuál no sería mi sorpresa cuando solo había uno de los vestidos que había tendido tirado en el suelo.

- No puede ser eso lo que hizo "ponk". Un vestido al caer no hace "ponk".

Y entonces me agaché a recogerlo...

Pues sí; era el vestido lo que había hecho "ponk", porque estaba congelado, en una sola pieza, como lo estaban las camisetas, calcetines e incluso las medias que colgué unas horas antes. Tan congelado que lo puse en el suelo y se tenía de pie.


No voy a sobrevivir a este invierno, lo sé...

Vuelvooo, a casa vuelvoooo


Abandonado he tenido a mi pobre blog desde hace ya un buen rato, pero esta vez tengo una buena razón...
Mi excusa para la desaparición momentánea se llama Amelia, nació el 1 de enero y es la niña más preciosa del mundo mundial, y no lo digo porque sea su tía.


Prometo volver a la blogosfera en estos días. Mientras tanto, os deseo un muy feliz año lleno de alegría, amor, paz y todas esas cosas.

He dicho.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Dudas frecuentes del estudiante universitario

Cuando una hace una pausa mientras estudia, levanta la mirada para ver que hay al otro lado de la ventana y la luz del sol le hace daño a los ojos, es el momento de recordarse a una misma que no, no se está convirtiendo en vampiro, es solo época de exámenes.

Menos mal que solo queda una semana para las vacaciones...

Mientras tanto vigilaré atentamente mis colmillos. Nunca se sabe.

Crónica de un viaje a la japonesa

Una de las mayores ventajas de irse de intercambio a otra universidad son las asociaciones Erasmus, que no sólo te reciben y ayudan a integrarte (unas más que otras), sino que organizan fiestas, cenas y excursiones mínimo un par de veces al mes, y siempre a precios irrisorios. O por lo menos así fue durante mi Erasmus en Lyon hace dos años.

Así que cuando mis amigos erasmus me invitaron hace unas semanas a ir con ellos y la asociación de erasmus de Aviñón de excursión por Montpellier y alrededores no lo dudé ni un momento; un viaje interesante, con gente divertida y por cuatro duros, ¡qué más se puede pedir! No sería hasta el viaje mismo que descubriría que no es oro todo lo que reluce, y que no todas las asociaciones erasmus funcionan igual de bien.


A las 8 de la mañana nos esperaba en la puerta de la universidad un autobús que por el aspecto que tenía debía haber sobrevivido a ambas guerras mundiales. Pese a nuestros iniciales reparos, se puso en marcha y salimos hacia el Puente del Gard, un precioso puente-acueducto romano situado en un paraje natural espectacular (más información aquí).


El puente desde arriba


Llegamos, bajamos del autobús y el guía nos avisa: tenemos 20 minutos para verlo todo, así que ya podemos darnos prisa. "Los que quieran quedarse abajo que vigilen la hora, los que quieran subir al puente que vengan, sacamos la foto y nos vamos, que no hay tiempo". Como los japoneses: vienen, fotografían y se van. Ser turista es duro, oiga...


Pues dicho y hecho, subimos, sacamos las fotos y ya nos está gritando el guía que nos demos prisa que hay que irse.


Siguiente parada, la fábrica de golosinas Haribo, el sueño de cualquier grupo de jóvenes hambrientos. Llegamos a las puertas y... nos llevan directos a la tienda para que "compremos algo y volvamos al bus, que hay mucho camino todavía por delante". No entraremos a la fábrica porque la entrada no estaba incluida en el precio del viaje (de lo cual, dicho sea de paso, nadie nos avisó).


Volvemos al autobús de nuevo con la moral cada vez más tocada y dispuestos todos a seguir durmiendo un rato, y entonces el guía tiene una magnífica idea para animarnos; ¡hagamos un karaoke en el autobús durante toda la hora y media que nos llevará llegar a Montpellier! Dicho y hecho, allí sale un representante de cada país a cantarnos una canción típica de su lugar de origen. Yo, mientras tanto, aprovecho para dedicar unos minutos a la introspección. ¿Seguro que estoy en Francia con un grupo de estudiantes? ¿No habré caído en un agujero espacio-temporal que me ha metido en medio de un viaje de japoneses jubilados?


Mientras sigo dándole vueltas a estas dudas en mi cabeza, llegamos a Montpellier. O, mejor dicho, a un centro comercial a unos 20km de Montpellier en el que, esta vez sí, nos dejan pasar una hora y media, "por si queremos ir de tiendas". Empiezo a preguntarme si el guía cobra comisión sobre las ventas.


Después de comer el guía vuelve a juntar al rebaño para ir al Planetario a ver una película en 3D sobre la carrera espacial y un pequeño curso para reconocer los planetas en el cielo que, por supuesto, la mitad de los erasmus se duerme con ronquidos incluidos.


¡Con el asteroide del Principito en el Planetario!


Ya son las 4 y media de la tarde, momento en el que salimos hacia Montpellier, a donde llegamos a las 5. A la bajada del autobús nos espera el guía de nuevo con cara de "os vais a reir cuando os diga la hora de vuelta a casa". Le empiezo a coger manía al guía este de las narices, y con más razón aún cuando nos anuncia que tenemos dos horas para verlo todo y volver al punto de partida.


Plaza de la Comedia de Montpellier

Contra todo pronóstico y a costa de un dolor de pies monumental, nos juntamos un grupo relativamente reducido que conseguimos ver una gran parte de la ciudad en ese par de horas. Eso sí, de nuevo a la japonesa, pasen, saquen la foto y a otra cosa mariposa. Pese a todo, pudimos disfrutar de una preciosa Montpellier iluminada por Navidad, con un acueducto del siglo XVII en medio de la ciudad, la plaza de la Comedia con su arquitectura clásica y el mercado de Navidad, gente por doquier y hasta un grupo de rock tocando ahí en medio, el jardín botánico, uno de mis sitios preferidos en la ciudad, la catedral de San Pedro con su espectacular pórtico y la Facultad de Medicina, la facultad más antigua del mundo que sigue en funcionamiento. También nos pasamos por la zona modernista, pero qué quieren, a mi me pareció bastante espantosa, sobre todo en comparación con el resto (más información aquí y aquí).


Lo único que puedo agradecer al guía es que a la vuelta no volvió a mencionar el karaoke, y menos mal, porque probablemente alguno de nosotros habría atentado contra su integridad física y entonces no habría conductor que nos llevara de vuelta a Aviñón y acabara con nuestro sufrimiento.


Una y no más, Santo Tomás.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Doucement

Hace unos días le explicaba yo a un amigo que vino a verme: "Aquí en Aviñón su palabra favorita es doucement, es decir, tranquilamente. La vida de Provenza tiene su propio ritmo, mucho menos estresante que el que tenéis en las grandes ciudades".

Al día siguiente, un soleado sábado de paseo y mercadillo, escuchamos de repente a lo lejos un estruendo de cláxones de coche pitando a todo trapo. "Una boda", le expliqué, "pitan porque acaba de terminar la ceremonia y van hacia el restaurante a comer". Mi amigo sonrió. "Es curioso, cuando yo escucho un claxon pienso en atascos y malhumor, y aquí tú ni te lo planteas; es una boda porque no podría ser ninguna otra cosa".

Yo me encogí de hombros. "Ya te lo dije, aquí las cosas van doucement".

lunes, 7 de diciembre de 2009

I ♥ Einstein

De vez en cuando mis queridos compañeros de clase hacen ciertos comentarios que me hacen preguntarme cómo demonios han conseguido llegar a la universidad. Sin ir más lejos, hoy mi corbata de Einstein (véase foto a continuación) me ha regalado una perla monumental de una de mis compañeras que, queriendo hacer un comentario intelectual (creo), me soltó:

-¡Cómo mola tu corbata! ¿Eres fan de Einstein?
-...


(Sí, tengo todos sus discos.)

Si hay algo que he aprendido a lo largo de mis viajes por el globo es que sólo hay dos verdades universales: que el agua hierve a 100 grados y que la estupidez humana no tiene límites.

O, dicho de otra forma, más vale cerrar la boca y parecer idiota que abrirla y demostrar que lo eres.

La autora y su corbata.