domingo, 2 de diciembre de 2012
El impulso aventurero de los españoles
Personalmente, una se fue buscando aventura allá cuando las cosas iban bien, pero se quedó por la crisis, porque aquí hay trabajo, salarios decentes, ayudas sociales y un gobierno que no nos toma por imbéciles.
En el blog Españoles en el Extranjero con Dignidad se puede leer actualmente una carta dirigida a la susodicha Marina del Corral pidiendo respeto y reconocimiento. Estéis en el extranjero o en España, jóvenes o no, no dudéis en leerla y dejar un comentario.
http://espanolescondignidad.blogspot.ch/2012/11/normal-0-false-false-false.html
Nos quitan las ayudas, la sanidad, la educación y hasta la justicia. No dejemos que nos quiten el respeto.
jueves, 5 de mayo de 2011
De trenes y horarios
El concepto es simple; los usuarios podrán seguir reservando sus billetes con meses de antelación para así conseguir un precio reducido, pero no sabrán la hora exacta de salida del tren hasta alrededor de una semana antes del viaje. La razón aducida por la SNCF son las numerosas obras de renovación que la compañía que se ocupa del mantenimiento de las vías (RFF) está llevando a cabo. A mi humilde entender, no es más que otro tejemaneje comercial de la SNCF para no sólo justificar, sino poder permitirse cuanto retraso se le antoje.
Que luego dicen que los españoles somos impuntuales e irresponsables, pero que ya se sabe que quien ve la paja en el ojo ajeno...
Imagen: Llegaba tarde por culpa de las huelgas de la SNCF... Perdí mi trabajo por culpa de las huelgas de la SNCF... Ya sólo me queda morir, ¡pero no puedo por culpa de las huelgas de la SNCF!
domingo, 7 de febrero de 2010
Escapada a París
domingo, 13 de diciembre de 2009
Crónica de un viaje a la japonesa
Así que cuando mis amigos erasmus me invitaron hace unas semanas a ir con ellos y la asociación de erasmus de Aviñón de excursión por Montpellier y alrededores no lo dudé ni un momento; un viaje interesante, con gente divertida y por cuatro duros, ¡qué más se puede pedir! No sería hasta el viaje mismo que descubriría que no es oro todo lo que reluce, y que no todas las asociaciones erasmus funcionan igual de bien.
A las 8 de la mañana nos esperaba en la puerta de la universidad un autobús que por el aspecto que tenía debía haber sobrevivido a ambas guerras mundiales. Pese a nuestros iniciales reparos, se puso en marcha y salimos hacia el Puente del Gard, un precioso puente-acueducto romano situado en un paraje natural espectacular (más información aquí).
El puente desde arriba
Llegamos, bajamos del autobús y el guía nos avisa: tenemos 20 minutos para verlo todo, así que ya podemos darnos prisa. "Los que quieran quedarse abajo que vigilen la hora, los que quieran subir al puente que vengan, sacamos la foto y nos vamos, que no hay tiempo". Como los japoneses: vienen, fotografían y se van. Ser turista es duro, oiga...
Pues dicho y hecho, subimos, sacamos las fotos y ya nos está gritando el guía que nos demos prisa que hay que irse.
Siguiente parada, la fábrica de golosinas Haribo, el sueño de cualquier grupo de jóvenes hambrientos. Llegamos a las puertas y... nos llevan directos a la tienda para que "compremos algo y volvamos al bus, que hay mucho camino todavía por delante". No entraremos a la fábrica porque la entrada no estaba incluida en el precio del viaje (de lo cual, dicho sea de paso, nadie nos avisó).
Volvemos al autobús de nuevo con la moral cada vez más tocada y dispuestos todos a seguir durmiendo un rato, y entonces el guía tiene una magnífica idea para animarnos; ¡hagamos un karaoke en el autobús durante toda la hora y media que nos llevará llegar a Montpellier! Dicho y hecho, allí sale un representante de cada país a cantarnos una canción típica de su lugar de origen. Yo, mientras tanto, aprovecho para dedicar unos minutos a la introspección. ¿Seguro que estoy en Francia con un grupo de estudiantes? ¿No habré caído en un agujero espacio-temporal que me ha metido en medio de un viaje de japoneses jubilados?
Mientras sigo dándole vueltas a estas dudas en mi cabeza, llegamos a Montpellier. O, mejor dicho, a un centro comercial a unos 20km de Montpellier en el que, esta vez sí, nos dejan pasar una hora y media, "por si queremos ir de tiendas". Empiezo a preguntarme si el guía cobra comisión sobre las ventas.
Después de comer el guía vuelve a juntar al rebaño para ir al Planetario a ver una película en 3D sobre la carrera espacial y un pequeño curso para reconocer los planetas en el cielo que, por supuesto, la mitad de los erasmus se duerme con ronquidos incluidos.
¡Con el asteroide del Principito en el Planetario!
Ya son las 4 y media de la tarde, momento en el que salimos hacia Montpellier, a donde llegamos a las 5. A la bajada del autobús nos espera el guía de nuevo con cara de "os vais a reir cuando os diga la hora de vuelta a casa". Le empiezo a coger manía al guía este de las narices, y con más razón aún cuando nos anuncia que tenemos dos horas para verlo todo y volver al punto de partida.

Contra todo pronóstico y a costa de un dolor de pies monumental, nos juntamos un grupo relativamente reducido que conseguimos ver una gran parte de la ciudad en ese par de horas. Eso sí, de nuevo a la japonesa, pasen, saquen la foto y a otra cosa mariposa. Pese a todo, pudimos disfrutar de una preciosa Montpellier iluminada por Navidad, con un acueducto del siglo XVII en medio de la ciudad, la plaza de la Comedia con su arquitectura clásica y el mercado de Navidad, gente por doquier y hasta un grupo de rock tocando ahí en medio, el jardín botánico, uno de mis sitios preferidos en la ciudad, la catedral de San Pedro con su espectacular pórtico y la Facultad de Medicina, la facultad más antigua del mundo que sigue en funcionamiento. También nos pasamos por la zona modernista, pero qué quieren, a mi me pareció bastante espantosa, sobre todo en comparación con el resto (más información aquí y aquí).
Lo único que puedo agradecer al guía es que a la vuelta no volvió a mencionar el karaoke, y menos mal, porque probablemente alguno de nosotros habría atentado contra su integridad física y entonces no habría conductor que nos llevara de vuelta a Aviñón y acabara con nuestro sufrimiento.
Una y no más, Santo Tomás.
sábado, 25 de julio de 2009
De sofá en sofá (y tiro porque me toca)
Solución: surfear.
Para los que no hayan entendido el chiste, hace un mes me hice miembro de una comunidad de la que ya había hablado aquí, Couchsurfing (literalmente “surfear en el sofá”) que propugna una forma de viajar diferente: alojándose en casa de los habitantes del lugar.
Pese a mis iniciales reparos, mi primera experiencia en casa de un surfero fue increíble; el dueño del piso no sólo me acogió amablemente (bueno, a mí y a otras tres surferas) sino que se convirtió casi en un amigo. Y eso es porque CS va precisamente de eso, de estar en un sitio con un amigo que te acoge, te enseña la ciudad, sale contigo… Es una forma de solidaridad con el viajero, de conocer a gente estupenda y de ver una ciudad desde otro punto de vista, menos turista y más agradable.
En apenas un mes he tenido la oportunidad no sólo de alojarme en casa de un surfero, sino de acoger a gente aq
En agosto volveré a surfear en sofás ajenos, esta vez italianos (para los que no lo hayáis leído, ¡¡¡busco compañeros para el todo o parte del trayecto Avignon – Roma!!!) y sé que va a ser precisamente eso lo que convertirá mi viaje en una experiencia diferente. Y a la vuelta, ya sabéis que podéis contar con un sofá y una mano amiga en Avignon.
Sólo hay una contraindicación: surfear crea adicción.
Avisados quedáis.
viernes, 3 de julio de 2009
Couchsurfing

La semana pasada surfeé por primera vez y no me mojé.
Claro, que lo que no he dicho es que surfeé en un sofá. Y es que ahora soy una couchsurfer, CS para los amigos; un término muy rimbombante que designa a los miembros de una comunidad, http://www.couchsurfing.org/ , dedicada a alojar a viajeros gratis en la casa propia. El viajero consigue alojamiento, consejo y, si tiene suerte, un acompañante para recorrer la ciudad; y el propietario del sofá, compañía y unas cervezas, que nunca están de más.
Mi primera experiencia, en Lyon, ha sido una locura. Un CS dedicado a la causa en cuerpo y alma, que no sólo alojaba a cuatro personas a la vez (su salón parecía una habitación de albergue), sino que nos dejó las llaves porque se iba de viaje un par de días mientras estábamos ahí. Los otros CS fueron estupendos y el dueño, una vez en casa, resultó ser un tío divertido y simpático y un gran cocinero. A cambio, ron, cervezas y la tortilla de patatas más grande que jamás he cocinado (de las de 4kg de patatas y una buena docena de huevos) que, de hecho, tuvimos que voltear entre tres porque no había dios capaz de manejar aquello sin abrirse la muñeca en dos.
Yo ya me he apuntado en la web y, a partir de agosto, que ya tendré mi nuevo apartamento para mi solita, empezaré a acoger surferos.
Bueno, eso contando con que haya alguien que se pierda por estos mundos dejados de la mano de dios y necesite un sitio para dormir, claro...
domingo, 31 de mayo de 2009
Viajeros-maleta
Hoy me he dado cuenta de que en los tres meses que llevo compartiendo piso con la habitante del búnker, no se ha levantado ni un solo día antes que yo. Días de clase, fines de semana, vacaciones. Salga de fiesta o no. Su media son las 2 de la tarde. Y una vez despierta, su actividad sigue desarrollándose intramuros; entre Messenger, películas y los dichosos audio-libros en alemán, es capaz de no pisar la calle en días.Pero lo más triste del caso es que viene a Francia para apenas 6 meses. Seis meses en los que, en vez de conocer gente, salir, visitar la ciudad o aprender el idioma, se convierte poco a poco en una maleta.
Todos hemos conocido alguna vez a un viajero-maleta. Son esos viajeros que, como la habitante del búnker, viajan porque hay que viajar, pero una vez allí prefieren quedarse en el ordenador del hotel contando lo bien que se lo están pasando en vez de salir a pasárselo bien de verdad. Son esos que vienen, toman la foto y se van, porque “ya lo he visto”. Son esos que viajan como una maleta: del avión al hotel y viceversa.
Ya lo decían mis padres; “la vida del turista es muy dura”. Incluye madrugones, ampollas en los pies, lluvia a cántaros o quemaduras por el sol. Pero a cambio te regala amigos, lugares increíbles, fiestas, risas, anécdotas, descubrimientos, cultura, crecimiento personal… No hay nada mejor en un viaje que la incertidumbre del día a día, la anticipación de un nuevo descubrimiento y una nueva aventura.
Hoy pienso seguir mi propio ejemplo y voy a salir a ver mundo (o Avignon, que en un solo día tampoco da tiempo a mucho). Eso sí, me vestiré en silencio, que mi compañera-maleta aún duerme…
domingo, 17 de mayo de 2009
Hoy no quiero ser inmigrante

Son esos días en los que te levantas con el pie cruzado, y parece que no te sale el idioma, que no entiendes las costumbres, que no sabes qué haces aquí, y que encima te viene el listo de turno a explicarte que la frase que has dicho estaba mal porque en francés el verbo va después del sujeto o cualquier obviedad por el estilo.
Son los días en los que te das cuenta que en realidad todo el mundo piensa que eres un poco idiota porque te resulta más difícil hacer las cosas que a ellos. Y aunque tú sabes que es por culpa del idioma, ellos piensan que simplemente es que no das para tanto.
¡Pobre extranjerito que no puede vivir en su país y viene a la tierra de las oportunidades a hacer dinero! ¡Mírale, qué mono él, qué forma más graciosa de pronunciar las erres!
Ser inmigrante es complicado. Es duro dejarlo todo para irte a otro lugar en el que no conoces a nadie y nadie te traerá sopitas cuando enfermes. Es agotador enfrentarse al día a día en un idioma que no es el tuyo, con unas costumbres que no conoces y nadie se molesta en explicar porque son obvias para ellos. Es difícil tener que demostrar continuamente que vales lo mismo que un nativo, ir a una entrevista de trabajo pensando que tú con tu experiencia de 4 años compites al mismo nivel que un francés sin experiencia, porque él habla el idioma perfectamente y tú eres extranjero.
Obviamente no todo el monte es orégano. Lo que no te mata te hace más fuerte y la experiencia de vivir en otro país te hace más resistente, más autónomo.
Pero es que hay días en los que vendería mi alma por poder volver, aunque sólo fuera un rato.
Y para los que nunca partieron, piensen en ello la próxima vez que encuentren un adorable inmigrante en su ciudad. En el fondo todos somos humanos.
martes, 24 de marzo de 2009
Visitas
Pero cuando viene alguien a visitarnos, uno puede aprovechar y ponerse las gafas de turista, esas que te permiten ver la ciudad desde otro ángulo, extasiarte con los edificios, querer visitar monumentos y que no te importe demasiado el mal tiempo. Y así uno redescubre su ciudad y se maravilla ante el hecho de vivir en un sitio así, lleno de vida, de historia y de cosas que ver y que hacer.
Aunque también está la otra cara de la moneda; lo que traen consigo las visitas. Y que conste que no hablo sólo del jamón serrano, que también – los expatriados sabéis de qué hablo – sino del cariño, los recuerdos, un pedacito del hogar. Que en esos días en que uno está solo en casa, malito y con la familia a 1000km, anda que no daría algo por estar en el sofá de casa con la madre trayéndote sopitas y aspirinas…
Y, por qué no, también está el orgullo de enseñar tu nuevo hogar, tu nueva vida y todas esas pequeñas cosas que hacen que el esfuerzo para llegar allí haya valido la pena.
Hace poco recibí dos visitas que, tras unos meses un poco difíciles para mí, me han salvado la vida. Me han traído noticias, cotilleos, visitas turísticas, excursiones, tranquilidad, risas y, por supuesto, jamón.
Jana, ex-erasmus, compañera de aventuras el año pasado en Lyon, ¡¡¡yujuuuuuuuuuu!!!
Padre, al que hacía muchos meses que no veía, a veces la única voz cuerda que me queda.
Gracias a ambos por esas gafas de visita. ¡La próxima vez seré yo quien os las lleve!
domingo, 15 de febrero de 2009
Liquidación por mudanza (I)

El problema no está en la mudanza en sí; está en la hora de empacar, cuando me entra una especie de histeria mudanzil en la que me parece que todo me sobra y me es necesario al mismo tiempo.
Es obvio que a medida que pasa el tiempo vamos acumulando cosas. Cosas que vamos necesitando, cosas que creemos necesitar, cosas que nos regalan, cosas que nos recuerdan cosas. Y uno no se da cuenta hasta que tiene que cambiarlas de sitio.
Llegué a Francia con dos maletas pequeñitas y una mochila. Ahora tengo tres maletas, dos mochilas y un par de cajas.
Voy a aprovechar estos 10 días que me quedan para intentar deshacerme de todo aquello que no sea imprescindible. Ayuda saber que no tengo coche y que toca hacérselo a pulso, en autobús. Por suerte esta vez me mudo dentro de la misma ciudad (en las otras 2 me tocó cruzarme el pais de arriba a abajo)...
Mi objetivo: llevármelo todo en un par de viajes, o reclutar a algún amigo voluntarioso que me eche una mano y hacerlo en uno sólo.
Yes, we can.
miércoles, 21 de enero de 2009
Españoles por el mundo
Muy recomendable si quieres informarte sobre la vida en el extranjero, los trámites administrativos, las otras culturas y formas de vida...
Para los más curiosos, recomiendo vivamente echar un ojo a las experiencias de gente que vive en países lejanos y "exóticos" (véase Japón o China). Impagable.
http://www.spaniards.es/
Hoy tengo un buen día / Viajar
Se lo dedico a todos los viajeros y a todos los que sueñan con viajar.

Foto tomada con el móvil desde el avión que me llevaba a Madrid desde Lyon, mientras sobrevolaba los Pirineos.
lunes, 5 de enero de 2009
Reflexiones desde el sofá
¿Somos lo que somos, o somos lo que hemos sido?
Soy Madrid, Lyon, París, Avignon.
Soy española, europea, francesa, emigrante, inmigrante.
Soy Sara, Estela, Freddy, Jana, Jesús, Fabian.
Soy estudiante, secretaria, acomodadora, camarera.
Soy un ente en movimiento, un avión, un tren, una bicicleta.
Soy todo eso y a la vez soy yo, aquí y ahora, escritora, soñadora y también un poco perdida.
Yo soy yo y mis circunstancias, aunque a veces también soy otra.
