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domingo, 31 de mayo de 2009

Viajeros-maleta

Hoy me he dado cuenta de que en los tres meses que llevo compartiendo piso con la habitante del búnker, no se ha levantado ni un solo día antes que yo. Días de clase, fines de semana, vacaciones. Salga de fiesta o no. Su media son las 2 de la tarde. Y una vez despierta, su actividad sigue desarrollándose intramuros; entre Messenger, películas y los dichosos audio-libros en alemán, es capaz de no pisar la calle en días.
Pero lo más triste del caso es que viene a Francia para apenas 6 meses. Seis meses en los que, en vez de conocer gente, salir, visitar la ciudad o aprender el idioma, se convierte poco a poco en una maleta.

Todos hemos conocido alguna vez a un viajero-maleta. Son esos viajeros que, como la habitante del búnker, viajan porque hay que viajar, pero una vez allí prefieren quedarse en el ordenador del hotel contando lo bien que se lo están pasando en vez de salir a pasárselo bien de verdad. Son esos que vienen, toman la foto y se van, porque “ya lo he visto”. Son esos que viajan como una maleta: del avión al hotel y viceversa.

Ya lo decían mis padres; “la vida del turista es muy dura”. Incluye madrugones, ampollas en los pies, lluvia a cántaros o quemaduras por el sol. Pero a cambio te regala amigos, lugares increíbles, fiestas, risas, anécdotas, descubrimientos, cultura, crecimiento personal… No hay nada mejor en un viaje que la incertidumbre del día a día, la anticipación de un nuevo descubrimiento y una nueva aventura.

Hoy pienso seguir mi propio ejemplo y voy a salir a ver mundo (o Avignon, que en un solo día tampoco da tiempo a mucho). Eso sí, me vestiré en silencio, que mi compañera-maleta aún duerme…

jueves, 14 de mayo de 2009

Si Balzac levantara la cabeza...

A los pocos días de conocernos, hablando de libros que habíamos leído la habitante del búnker y yo, me contó que antes no le gustaba mucho leer, pero que hacía poco había descubierto un método revolucionario para leer sin esfuerzo: los libros-cd.

Al parecer ahora hay gente capaz de leer en voz alta, suave y melodiosa las 607 páginas del último libro de Harry Potter sin mandarte a dormir de inmediato. Y por si aún dudábais tras esta última referencia, no, no escucha Tolstoy o aprovecha su estancia francesa para empaparse de Molière o Camus, no.

Y, obviamente, lo escucha en alemán. Sin auriculares. Durante horas. Parece ser que le gusta "escuchar" libros mientras hace otras cosas (chatear en el messenger, jugar al ordenador, maquillarse, ¿he dicho ya chatear?).


Y, ojo, que no digo que la historia esta de la lectura-escucha no sea una idea estupenda; pensemos en todos esos pobres cieguitos que sólo pueden ir leyendo cupones porque apenas hay libros en Braille. Lo único que digo es que la última vez que la vi, la habitante del búnker no parecía sufrir de problemas visuales. Y que yo tampoco soy ciega ni hablo alemán.


Si Balzac levantara la cabeza, probablemente volvería a morir del susto.

sábado, 18 de abril de 2009

El búnker de mi casa es particular


Creo que ya es hora de presentar a mi compañera de habitación. O más bien, a la habitante del búnker de arriba.
Me explico: vivimos en un dúplex en el que no hay paredes para separar las habitaciones, aunque nos hemos arreglado para que ella se quede con la parte de arriba y yo la de abajo. Pero mi compañera encontró una solución aun mejor; un buen día al entrar a casa me encontré un armazón de mantas rodeando su cama, una especie de fusión entre una manta de patchwork y un refugio antiaéreo de la IIª Guerra Mundial. Y desde entonces se pasa el día ahí; y repito lo de “el día” puesto que se pasa la mayor parte de las horas de luz durmiendo en lo que yo lo llamo cariñosamente su búnker. A las 8 está durmiendo en el búnker. A las 11 sigue durmiendo. A las 2 se levanta para comer. A las 4 duerme de nuevo. A las 6 por fin hace cosas. A las 10 está de vuelta en el búnker.
Esta tarde me preguntó completamente en serio por qué no me hacía yo mi propio búnker. No supe qué responder…

En cuanto a la otra parte de su lado del apartamento, la visible al ojo humano, la ha decorado enteramente con cuadros de personajes de Disney. Sin comentarios.

Pero no es sólo su peculiar residencia lo que la hace especial, es que a veces es tan alemana que parece que lo hace a propósito. Como el que escuche sólo dos tipos de música: tecno del machacón o grandes éxitos de los 80 en alemán indistintamente; a toda pastilla a cualquier hora del día. O que la huelga de estudiantes que hay ahora en Francia le parezca algo incomprensible y caótico, por lo tanto, inaceptable.

En cuanto a sus otros hábitos, son perfectamente coherentes con el resto de su personalidad. Por ejemplo, nada más conocernos me dijo que era vegetariana, aunque “quesariana” sería un nombre más apropiado puesto que el 80% de su dieta consiste en algún tipo de queso. Lo cual, por otra parte, responde a por qué está en Francia de Erasmus… El otro 20% incluye una gran variedad de conservas que se trajo de Alemania con ella; no sé si porque no le gusta la comida francesa o por coherencia con la historia del búnker.

La verdad es que en el fondo me alegro de que me hayan puesto de compañera a la habitante del búnker, porque pese a lo que pueda parecer es una chica divertida y muy simpática.
Y además siempre está bien saber que en caso de ataque antiaéreo no tendría que salir de casa para buscar refugio, ¿no?

sábado, 14 de marzo de 2009

Liquidación por mudanza (II)


Heme en mi nuevo hogar, ¡por fin!
Al final han sido necesarios 2 viajes a cuatro manos (Padre, I love you!!!) y otros dos a dos manos, el último de ellos anteayer. Pero, ¡por fin puedo decir que me he mudado!

Mi nuevo chez moi es un pequeño dúplex de unos 35m2 en una residencia universitaria que hay justo detrás de mi facul. Lo comparto con una erasmus alemana de costumbres un poco especiales pero con la que me entiendo de maravilla. Ella se ha quedado con la parte de arriba, pero algún día tendrá que irse y, entonces, ¡el poder será míooooooo! ¡Menos mal que los erasmus son caducos!

En cuanto al espacio disponible, ha habido una cierta lucha de titanes pues, si bien mis pertenencias tienden a expandirse como si se encontraran en estado gaseoso, mi compañera se ha traído una cantidad de cosas que no sé cómo ha conseguido meterlas en nuestro pequeño apartamento. Al final todo ha quedado en un pacto no hablado en el que ella se queda arriba, yo abajo y el territorio común a medias (más o menos).


Aquí dejo de paso algunas fotillos para que admiréis mi nuevo hábitat. De la parte de arriba no pongo mucho porque tiene mi compañera construído un búnker, del que ya hablaré próximamente, que no permite ver nada.
Obviamente, estáis invitados a pasar cuando queráis; que sino, ¿de qué sirve tener amigos por el mundo?

¡Me encanta mi nuevo hogar! ¡Es estupendo! ¡Genial! ¡Fenomenal!
¿He dicho ya lo mucho que me gusta?