lunes, 30 de agosto de 2010

Malas costumbres

En el Palacio de Papas trato con bastantes españoles a diario, cosa que llevaba sin hacer casi desde que vine a Francia. Pues bien, gracias a ello me he dado cuenta con horror de que, tras el esfuerzo que me llevó acostumbrarme a tratar de "vous" (usted) a todo el mundo, ahora lo que me resulta extraño es tratarles de "tú", y me tengo que concentrar para no cambiar a "usted". Y anda que no queda raro a veces, sobre todo cuando te viene un grupo de jovenzuelos desaliñados y yo dale con el "ustedes".

Dichosa cortesía francesa; me está convirtiendo en un monstruo...

domingo, 8 de agosto de 2010

Agosteros

Llevaba ya un par de meses viéndolo venir, temiendo la inevitabilidad de su llegada y sin embargo intentando evitarlo por todos los medios habidos y por haber. Pese a todo, y como todo lo ineludible en esta vida, agosto llegó, y con él la horda de turistas agosteros que plagan las pesadillas de todos aquellos que trabajamos en el mundo del turismo.
Lejos quedan los días de julio en que los turistas venían al festival de teatro y, llenos de cultura (a menudo acompañada de buenas dosis de pedantería intelectualoide, para qué negarlo), aprovechaban para disfrutar de un pedazo de historia por mera curiosidad intelectual. O por presumir ante los amigos, que a veces viene a ser lo mismo. Quedan ahora los turistas borreguiles que siguen la guía turística de turno así les lleve a tirarse por un peñasco - eso sí, un peñasco recomendado - ; vestidos todos ellos con atuendos de los que se avergonzarían en condiciones normales, sazonados con cámaras de fotos, vídeo y demás artilugios tecnológicos, no vaya y sea que se nos queden cinco minutos del viaje sin grabar, fotografiar, catalogar para después dar el peñazo a vecinos, amigos y familiares.
Y lo peor, el momento pregunta. Ese momento tras haberles dicho el precio en el que se miran entre ellos, te miran a ti, y con cara de entre asco y desdén te preguntan: "¿Pero vale la pena?". Ea. Con dos pares.
No hijo, no; no vale la pena. Si me estás preguntando si la visita al palacio que fue el centro de la cristiandad y, por extensión, del mundo occidental, durante más de un siglo merece la pena, quiere decir que no. No malgastes las pocas neuronas en funcionamiento que te quedan en esto, guárdalas para las funciones vitales, no vaya y sea que se te olvide respirar.
Menos mal que agosto sólo dura un mes.

miércoles, 23 de junio de 2010

Atención, estudiante en prácticas

Señoras y señores, es oficial: he dejado el antro infecto en el que he trabajado todo el año limpiando bandejas de comida para, en primer lugar, hacer unas prácticas en el Palacio de los Papas (esto de aquí) y, en segundo lugar, ser contratada en el mismo Palacio para trabajar todo el verano vendiendo entradas. Cosas peores se han visto.

Lista de las ventajas de ser un estudiante en prácticas:

- El estudiante en prácticas trabaja aún menos que cuando tiene clases. Además, no hay deberes.
- No pasa nada si llegas tarde. O si faltas. La primera vez que me disculpé por llegar tarde mi jefe ni se había dado cuenta. Ya no sé cuántas veces me ha dicho: "¡pero relájate, estás de prácticas!".  
- Si te interesas mínimamente en tu trabajo, eres Dios. Ningún estudiante lo hace, así que te admirarán por tu dedicación, aunque sólo sea sirviendo café. 
- Puedes pedir todo aquello prohibido para el resto "para ayudarte a completar tu memoria". En mi caso, he entrado en sitios en los que ni el personal normal del Palacio puede entrar. Chincha.
- La gente es mucho más amable contigo. Si un cliente se pone nervioso, sólo hay que poner cara de pena y decir: "lo siento, señor, pero sólo soy una estudiante en prácticas". En seguida se calman y te sonríen como si fueras un cachorrito abandonado a su suerte en un bosque. Hasta caramelos me han dado.

Como pueden comprobar, sufro mucho por aquí. Lástima que ya se me acabaron las prácticas y ahora curro de verdad.

viernes, 14 de mayo de 2010

La curiosidad

Hoy paseando por las calles de Avignon presencié una escena deliciosa que me hizo sonreír todo el camino de vuelta a casa: en uno de los pequeños callejones del centro encontré bien escondidito a un barrendero que, con cara de pícaro, abría unas cartas que alguien había tirado al suelo y pisoteado.

Quizás fue su cara de chiquillo que sabe que está haciendo una travesura, quizás lo casual y aleatorio de la escena; el caso es que si hubiera podido habría sacado una foto para recordarme siempre que si hay algo que hace a los hombres iguales, es la curiosidad.

Y es que, en el fondo, ninguno de nosotros dejamos nunca de ser niños. Y menos mal.

martes, 11 de mayo de 2010

Un atardecer cualquiera

Falta un día para el final de los exámenes. A mi ventana llegan aires de bossa nova que mi vecina brasileña corea con risas y bailes. Las últimas luces del atardecer tiñen las nubes de rosa y naranja. La ciudad brilla al fondo, tranquila, silenciosa; recogiéndose lentamente, al ritmo del sur. Mi vaso de vino blanco refleja tamizados los colores de este perezoso atardecer de primavera.

Las campanas de la iglesia dan las 7, luego las 8. No hay ruidos de ciudad, ni bullicio, ni prisas; tan sólo un son de campanas de iglesia y golondrinas.

Dejo mis folios en la mesa y levanto mis ojos al cielo en silencioso agradecimiento por este momento. Por el atardecer, las campanas, la bossa nova y el vaso de vino.

Porque quizás nunca fui del todo una chica de ciudad.

sábado, 24 de abril de 2010

Los personajes de Avignon


Mi mejor amiga y yo tenemos un juego apasionante para las horas de aburrimiento; sentarnos en alguna plaza de la ciudad a ver la gente pasar e intentar adivinar quién es de Avignon y quién no. Por estúpido que pueda parecer, a lo largo de los meses hemos logrado hacer un pequeño estudio sociológico de la fauna avignonense, que nos ha llevado a una aplastante conclusión: en la ciudad hay gente muy heterogénea pero, en regla general, si da miedo, es de Avignon.

Los resultados: de 10 personas que pasen, 4 van a ser turistas, 2 van a ser de origen árabe, 2 serán francesitos medios y los otros 2 serán individuos con pinta de expresidiarios y/o enfermos mentales.

Nuestro sistema no falla casi nunca, sobre todo en el último caso, y es que la ciudad acoge a varios personajes que pertenecen a la ciudad como lo hace el puente o la muralla. El chino que pasea borracho en bicicleta por la noche insultando a diestro y siniestro o la mujer que pasa las horas en su coche blanco forrado de papeles de periódico y te grita si te acercas sin querer son sólo dos ejemplos de las instituciones avignonenses que animan nuestra ciudad a diario.

París tiene la torre Eiffel y el Sena. Londres tiene el Big Ben y la reina de Inglaterra. Avignon tiene el puente y la gente rara. Cada loco con su tema.


FOTO: La bici de uno de los personajes de la ciudad, un vendedor de morralla que se pasea de plaza en plaza con el perro en la caja de atrás.

viernes, 2 de abril de 2010

Bienvenida al infierno, ¿en qué puedo ayudarle?


Escribo esta entrada desde mi cama con el pie en alto y el tobillo del tamaño de una naranja valenciana y el color de una ciruela madura; y es que el miércoles pasado me di una torta monumental en el antro infecto donde trabajo, gracias al asno de mi jefe que decidió que la mejor solución para limpiar el suelo era tirar un cubo de agua al suelo. Lo de secar el agua después ya no se le ocurrió, claro, y la menda se pegó una digna de un dibujo animado.

Pero lo mejor fue la reacción y el apoyo de la especie de orcos que dirigen el restaurante, que me tuvieron 40 minutos en la oficina rellenando papeles antes de dejarme ir al hospital, al que tuve que ir por mis propios medios porque no querían "meterse en problemas". Misma razón que mi jefe ha aducido para, en la declaración de accidente laboral, decir que él no estaba ahí ni sabía nada de cómo ni cuándo paso. Y, no contentos con ello, ahora me dicen que como no me reincorpore el lunes, estoy despedida.

Resulta paradójico que el organismo estatal dedicado a ayudar a los estudiantes universitarios ("Crous" es el nombre oficial, aunque personalmente lo he bautizado como Mordor) sea uno de los que peor tratan a los estudiantes trabajadores que contratan.

Que cada vez que haya vacaciones acaben nuestros contratos y firmemos uno nuevo a la vuelta para así no pagarnos dichas vacaciones está feo. Que vaya por mi cuarto contrato de duración determinada cuando el máximo legal son tres está muy feo. Que tenga que pasar 40 minutos convenciéndoles de declarar un accidente laboral del que ellos son responsables está muy, muy feo. Que encima me amenacen con despedirme es el colmo del colmo.

Eso sí, cada vez que paso a darles mi declaración de baja laboral, todos sonríen mucho y me preguntan qué tal estoy. Que aquí en Francia otra cosa no, pero educados lo son un rato.