sábado, 6 de noviembre de 2010

Tortilla y olé

Consejo para futuros viajeros, expatriados o erasmus españoles en Francia: aprended a hacer tortilla de patatas.

1. Es una tapa y para un francés eso es sinónimo de buena comida, fiesta, olé, olé y demás clichés.

2. Es barata y fácil de hacer pero no lo parece, así que impresionarás a tus amigos con tus dotes culinarias. Consejo: niégate a dar la receta, de esta manera sus intentos fallidos para hacerla ellos mismos les convencerán definitivamente de tu maestría e incluso puede que intenten sobornarte, que siempre está bien.

3. Es tan básica que la puede comer todo el mundo (vegetarianos, musulmanes, etc.), algo importante en Francia.

4. Se come caliente y fría y se puede cortar en cuadraditos para compartir en una fiesta, con la diversión añadida de que podrás asistir a una guerra de miradas malvadas disfrazadas de cortesía por ver quién devora el último trozo.

5. Nunca sobra. Jamás.

Si es que estos francesitos, mucho foie gras y escargots, pero al final se mueren por un buen plato de algo consistente como el que más.

jueves, 14 de octubre de 2010

Las gentes del viaje

Hoy, leyendo la prensa durante el desayuno, me llamó la atención un enésimo artículo sobre la dichosa expulsión de los gitanos o, como los llaman aquí, les gens du voyage (las gentes del viaje). En el último mes he visto la prensa internacional tapizarse de noticias, editoriales y reportajes al respecto; he leído acerca del inmediato rechazo de estas medidas por parte de la Comisión Europea; he escuchado las críticas entre la comunidad internacional.

Mientras tanto, en Francia, nada. Rien. Dejando aparte ciertas críticas aparecidas en los medios protestatarios y de crítica al gobierno en general y a Sarkozy en particular, los franceses parecen aquiescer en su silencio, y ya se sabe que el que calla, otorga.

Paradoxalmente (o quizás precisamente por ello), Francia, un país de tradición inmigrante, es también un país racista. Tras años y años de políticas de acogida pero no integración, de respeto de las tradiciones de origen pero no aprendizaje de las costumbres locales, el gobierno se sorprende de la falta de integración de los inmigrantes y decide que la mejor solución es deshacerse de toda esa gente molesta y devolverles a sus países. Y el pueblo calla y asiente.

La semana pasada mi profesor de español intentó hablar del tema en clase y les preguntó su punto de vista. Silencio, miradas al suelo o a una esquina del techo. Interrogados uno a uno, mis compañeros intentaron evadir el tema, acabando por decir que bueno, en realidad no se expulsaba a los gitanos, sino que se deportaba a inmigrantes en situación irregular. Palabra por palabra los argumentos de Sarkozy. 
La Comisión Europea ha decidido detener el proceso de infracción contra el gobierno francés. Búlgaros y rumanos salen a la calle en protesta, pero nadie les escucha. Una nueva ley de extranjería que amplía los criterios para deportar a los inmigrantes está siendo examinada en este momento por la Asamblea Nacional.

Y mientras tanto, el pueblo calla y asiente.


Nota: para más información, aquí dejo el enlace a dos interesantes artículos de El País; uno resumiendo la primera circular de Sarkozy acerca de las expulsiones aquí, y otro con las diferentes posiciones de la Comisión Europea, Francia y Rumanía aquí.

Veinte horas treinta

Cosa curiosa sin explicación plausible: los franceses dicen la hora en formato 24h. Por ejemplo, cuando quedan a las 8 y media de la noche, te dirán que quedan a las veinte horas treinta. No sé por qué, pero siempre me ha parecido un tanto robótico; qué se yo...

martes, 21 de septiembre de 2010

Diferencia horaria

Francia: hoy mis clases acabaron a las 11.

España: tal día como hoy, mis clases empezaron a las 11h30.

Busquen el error.

martes, 7 de septiembre de 2010

Enseñando español

Dicen por ahí que la mejor manera de aprender un idioma es buscarse una pareja originaria del país en cuestión. Eso es porque no contaban conmigo.

Lo confieso: en los meses que llevo con mi chico francés, prácticamente lo único que le he enseñado han sido palabras escatológicas o malsonantes. En mi defensa, no hay nada más divertido que escucharle decir barbaridades dignas de un obrero de la construcción con su dulce acento francés. Y él, feliz de aprender el español "de puta madre".

Ayer aprendió a decir "domingas". Mientras me iba, aún podía escucharle repetir para si mismo: "¡Qué domingas más grandes!", "Me gustan las domingas" y su preferida, "¿Me haces una cubana con tus domingas?".

Probablemente vaya al infierno, lo sé, pero lo que me habré reído por el camino...

lunes, 6 de septiembre de 2010

Pont du Gard

Como me he pasado todo el verano trabajando, este año he tenido pocas oportunidades para ir a la playa. Por suerte, a unos 40 minutos en bus de Avignon está el Pont du Gard, un acueducto romano muy conocido que atraviesa el río Gardon y en el que uno se puede bañar (si tiene el valor de entrar en el agua, que está congelada). Siempre está lleno de turistas venidos a ver el acueducto que te miran con envidia y odio cuando se dan cuenta de que no pensaron en traer un bañador y tú sí pero, una vez dejados atrás, es un sitio tranquilo y agradable.
Además, también se puede hacer descenso en kayak y canoa, con recorridos que van desde los 2 a los 8 km, pasando entre montañas y atravesando el puente. 
Así que, para dar un poco de envidia, aquí van unas fotos del lugar en donde paso mis días libres tostándome al sol.



Informaciones prácticas:
Para llegar desde Avignon, lo mejor es ir en coche, aunque te cobran 15€ por el parking. Si, como yo, debéis apañaros con el transporte público, hay varios buses diarios que salen de la Gare Routière de Avignon y te dejan en el parking del Pont du Gard (Edgard, línea A15, 1,50€ por trayecto, haz click aquí para ver los horarios ).
Para más información, aquí tenéis la página web del Puente, y la wikipedia.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Merci, au revoir !

A menudo me quejo de que Avignon no es más que un pueblo y de lo pequeño que se me queda, pero hay ciertos detalles que echaré de menos cuando me vaya; y es que admito que me encanta vivir en un sitio en el que cuando la gente se baja del autobús, da las gracias al conductor.