miércoles, 8 de julio de 2009

De teatro y otras locuras (I)

Ayer, en el trayecto entre la calle central de Avignon y mi casa me crucé con tres monjas barbudas en moto, una japonesa vestida de blanco cargando un árbol, media docena de payasos, cuatro detectives de incógnito, una pareja a bordo de una cama motorizada, tres amas de casa - animadoras, un futbolista haciendo malabares con una sartén, un huevo y una maza en llamas, un piano de cola en la terraza de un bar de viejos, un grupo de ángeles con paraguas azules y varios miles de carteles de todos los colores y tamaños inimaginables.

No, no me he vuelto loca, lo que pasa es que ha empezado el Festival de Teatro, y aquí no se andan con chiquitas. Durante las próximas tres semanas tendrán lugar más de cien espectáculos al día; tanto en teatros como por la calle, pasando por escenarios tan inesperados como un contenedor de un carguero o el hall del ayuntamiento.

Para dar un poco de envidia, aquí dejo una parte de las fotos que tomé ayer mientras paseaba. Haced click para ampliar.
Más en próximas entregas.

martes, 7 de julio de 2009

Es noticia

Ayer en las noticias:

Un taxista muere apuñalado en Madrid en 2007.
Seis muertos en un incendio de una vivienda en Londres.
Veintiséis militares pakistanís mueren en un accidente de helicóptero.
Ciento cuarenta muertos durante una protesta de la minoría musulmana en China.

Leí hace poco no sé dónde que, cuanto mayor es la distancia, más muertos se necesitan para que algo sea noticia.
Y lo peor es que quizás sea cierto.

domingo, 5 de julio de 2009

Domingos y profesores


Tras 17 años de estudiar, no he conseguido deshacerme de la firme convicción de que los profesores, una vez fuera de clase, dejan de existir o, a lo sumo, llevan una existencia miserable. En cuanto salen por la puerta del aula, sus pequeñas e insignificantes vidas están formadas por una serie de insulsas tareas capaces de aburrir al mismísimo Sísifo. Los simpáticos vuelven a sus familias y a su típico y mediocre hogar; los abominables regresan a un hogar vacío a corregir exámenes y poner malas notas para desahogar su vacío vital. Sé que es simplista, egocéntrico y poco realista, y tengo amigos dedicados a la noble tarea que demuestran lo contrario, pero qué queréis, la imaginación es lo que tiene.

Es por ello que siempre me choca encontrarme con un profesor en circunstancias no escolares. Y por eso mismo cuando esta mañana me he encontrado con mi profesora cincuentona y algo estirada de gramática inglesa, mi cerebro ha tardado un rato en reaccionar.

Y es que esta mañana de domingo he realizado la heroica hazaña de levantarme antes del mediodía para acercarme al mercadillo que hay detrás de casa y que, como todo en Francia, abre a unas horas indecentes. Y allí estaba ella, detrás de uno de los puestos, vendiendo joyas y artilugios varios fabricados en el sur de Asia.

"Me ha visto, habrá que saludar", me digo.

Y entonces:
Descubrimiento chocante número uno: es un puesto de comercio justo en el que vende abalorios hechos en el sur de Asia y cuyos beneficios van a un organismo que lucha contra el trabajo infantil en dicha zona.
Descubrimiento chocante número dos: ella misma compra los abalorios en sus países de origen respectivos. Cada año coge su mochila y se pierde ella solita por los diferentes países surasiáticos durante ocho semanas en verano.
Descubrimiento chochante número tres: tiene una licenciatura en español y lo habla bastante bien porque vivió en Madrid, mi Madrid, durante tres años.

Y así, como quien no quiere la cosa, pasa media hora y aquí sigo hablando con Danielle Jalras, aventurera, idealista, intelectual y, además, profesora de inglés.

El domingo que viene tiene pensado volver a este mercadillo, sino encuentra billetes para la India ("mi noveno viaje a ese país, si mal no recuerdo"). Me despido pensando que a lo mejor podría hacer el esfuerzo el domingo que viene y volver por aquí.

Saldo del día: cuatro libros de los de a euro por pieza y de pinta estupenda, y una charla estupenda con una persona interesantísima.

Y, sí, también un par de pendientes made in India.

sábado, 4 de julio de 2009

Lluvia

Llueve. Una gota de lluvia se desliza lentamente por mi nariz, cae, cae, cae. El cielo amenaza, grita, se retuerce. A mi alrededor todo está mojado.

Me gusta la lluvia porque no entiende de raza, sexo o clase social; seas quien seas, si te llueve encima, te mojas. Me gusta la lluvia de verano, la tromba de agua que cae de golpe, sin apenas prevenir, y que parte tan rápido como vino. Me gusta caminar bajo la lluvia despreocupadamente pues, al fin y al cabo, sólo es agua, y tarde o temprano dejará de llover.

Mi pelo huele a lluvia. De mi flequillo cuelgan tres pequeñas gotas de agua, resistiéndose a caer. Me asomo a la ventana y, al moverme, las gotas de mi flequillo caen, caen, caen.

Me gustan los días de lluvia.

viernes, 3 de julio de 2009

Couchsurfing


La semana pasada surfeé por primera vez y no me mojé.

Claro, que lo que no he dicho es que surfeé en un sofá. Y es que ahora soy una couchsurfer, CS para los amigos; un término muy rimbombante que designa a los miembros de una comunidad, http://www.couchsurfing.org/ , dedicada a alojar a viajeros gratis en la casa propia. El viajero consigue alojamiento, consejo y, si tiene suerte, un acompañante para recorrer la ciudad; y el propietario del sofá, compañía y unas cervezas, que nunca están de más.

Mi primera experiencia, en Lyon, ha sido una locura. Un CS dedicado a la causa en cuerpo y alma, que no sólo alojaba a cuatro personas a la vez (su salón parecía una habitación de albergue), sino que nos dejó las llaves porque se iba de viaje un par de días mientras estábamos ahí. Los otros CS fueron estupendos y el dueño, una vez en casa, resultó ser un tío divertido y simpático y un gran cocinero. A cambio, ron, cervezas y la tortilla de patatas más grande que jamás he cocinado (de las de 4kg de patatas y una buena docena de huevos) que, de hecho, tuvimos que voltear entre tres porque no había dios capaz de manejar aquello sin abrirse la muñeca en dos.

Yo ya me he apuntado en la web y, a partir de agosto, que ya tendré mi nuevo apartamento para mi solita, empezaré a acoger surferos.
Bueno, eso contando con que haya alguien que se pierda por estos mundos dejados de la mano de dios y necesite un sitio para dormir, claro...

jueves, 2 de julio de 2009

¡Me derritooooo! (II)

Por fin, esta tarde, lluvia. Viendo los nubarrones acercarse, comento: “¡Mira, va a llover, menos mal! ¡Ya era hora de que refrescara un poco!”.


Pues va a ser que no.

No sólo no ha refrescado, sino que se ha creado un magnífico efecto sauna. He salido a la calle y se me han empañado las gafas.


No voy a sobrevivir a este verano, lo sé.

miércoles, 1 de julio de 2009

¡Me derritooooo!


Escribo estas líneas a 33ºC y 90% de humedad, en un apartamento que recibe una magnífica luz solar a casi todas horas del día y que, por supuesto, no dispone de climatización de ningún tipo.
No ayuda tampoco el hecho de que la tienda que vende ventiladores a precios razonables más cercana se encuentre a 15km, al final de una carretera que nada tiene que envidiar a la estepa manchega y a la que la menda y su bici temen enfrentarse por miedo a derretirse como la bruja malvada del Mago de Oz.

El único método eficaz que he encontrado para sobrevivir a este castigo meteorológico ha sido convertir mi cocina en una pequeña fábrica de gazpacho y zumos varios pero, aun así, si un día de estos aparece en las noticias la historia de una joven española muerta derretida en un pueblo francés, podéis tener por seguro que ha sido la que aquí escribe.

¡Quién me iba a decir que iba a echar de menos el Mistral de las narices!